Lluvia de estrellas
- Gian Marco Settembrini

- 27 may 2020
- 2 Min. de lectura
La sombra de mi lapicera mientras escribe al sol, es muy particular.
Es como si en vez de atemorizarme, me acompañara,
Como si estuviera buscando el momento perfecto
Para invitarme, no sé muy bien a qué, pero queriéndolo hacer.
Pude dilucidar sus intenciones cuando las horas pasaron
Y la luna se preparó para su función de todas las noches.
Según había leído en el diario, hoy iba haber una invitada especial,
Una lluvia de estrellas que solo acudía a su cita tras varios meses.
Así que, fui en busca de un poco de vino, algo de queso y salame.
Al regresar, me dirigí a la terraza con las manos llenas y la mente vacía
El cielo nocturno me recibió con la calidez de una hermosa
y enorme luna llena que volvió insignificante al queso que traía conmigo.
Sé que unas horas atrás había dicho que me gustaba más
La sombra de mi lapicera al sol, pero en ese instante comprendí
Lo que me había estado queriendo decir toda la tarde.
Allí bajo ese manto de luna y estrellas la sombra se hacía poesía,
Además de hacerte compañía, te inspiraba y te revolucionaba por dentro
Como si pudieras forjar un sempiterno en aquellas frases, en aquellas letras.
Era mágica,
la noche y la escritura.
Sin embargo, me sentía un poco defraudado y triste
O quizás, era esa manía que tenía por entorpecer mi camino hacia la felicidad
La famosa lluvia de estrellas después de dos horas
y casi media botella de vino no se había presentado.
Con pocas esperanzas me serví una copa más
y comencé a releer lo que había escrito
entre las sombras de la noche y el día.
Fue entonces cuando estaba llegando a los versos finales que
La vi.
Estelas doradas y alborotadas caían al frente mío,
tenían un brillo tan particular que
si me acercaba un poco más
hubiera jurado que podía tocarla.
“Llegaste” le dije.
Y verla sonreír fue el mejor verso final que nunca escribí.
*Escrito por Gian Marco Settembrini



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