top of page

Del suelo al cielo

  • Foto del escritor: Gian Marco Settembrini
    Gian Marco Settembrini
  • 6 may 2020
  • 2 Min. de lectura

Te encontras en el suelo, como tantos otros momentos de tu vida. Muchos dicen querer ayudarte, mas no crees que eso sea posible. Y de pronto, confías en una mano y te levanta. Crees que vas a mejorar, que todo va estar bien.

¡Pum!

Te encontras de nuevo en el suelo. No entendes cómo pasó, pero sucedió. Empezas a unir cabos sueltos y comprendes que quién te levantó, es la misma persona que te hundió. ¡Qué ironía!

Paso seguido, te miras las manos. Todas llenas de heridas. “Vos sí que viviste la vida” pensas por dentro. Pero estás cansado de tener tantas, ni bien se empieza a curar una, ya te hiciste otra. Y te preguntas si llegará el día en el que por fin, las sonrisas hagan olvidar cada vez que una lágrima intentó hundir tu rostro en la tristeza.

Noche oscura. Ni la luna se animó a salir hoy. Sabe que no es el momento. Toda la noche con el celular en la mano haciendo nada, escuchando música sin oírla. Y así se hacen las tres de la mañana. Maldito insomnio.

Queres escaparle a la decepción pero no podes. Te persigue.

Entonces, no queda otra que enfrentarla. Enfrentar tus mayores temores, sin ningún tipo de luz. Empezas a pensar y te das cuenta que lo malo, no era tan malo como pensabas. No es la primera vez que te decepcionan, ni la última que lo van a hacer, entonces, ¿qué sentido tiene deprimirse?

De vos depende el saberte vivo y, qué mejor que tener historias en tus heridas que relaten cada vez que arriesgaste. Otras se llevan ocultas y sólo unos privilegiados podrán escucharlas mientras te abracen, porque nada duele más que aquello que se esconde.

Amanece. Está soleado. Te dormiste pensando, te despertaste riendo. Te da gracia lo inocente que fuiste al darle tanta importancia aquello que intentó lastimarte y lo logró, porque se lo permitiste. Pero hoy reís; ¡qué mejor cura contra el dolor, que la risa! Y si algo saben los que viven con felicidad, es de reírse de sus desgracias y aprender de sus errores. El sol ilumina tu camino, vos solo camina. Y por más heridas que tengas, nunca pero nunca te detengas.

Y sí, algún día llegará quién te de la mano y esta vez, no verás el suelo, sino el cielo.


*Escrito por Gian Marco Settembrini

Entradas recientes

Ver todo
Lunares

Una historia respecto a las vaquitas de San Antonio.

 
 
 

Comentarios


bottom of page