París
- Gian Marco Settembrini

- 1 may 2020
- 1 Min. de lectura
Te vi sonreír
y quise abrazar tu dolor.
Tu boca podía mentirme,
pero tus ojos...
Ellos me contaron la verdad,
por las noches lloras en soledad
preguntándote porque siempre es igual.
Cada historia se repite, mismo final.
Inseguridades que crecen,
dolores que se profundizan,
La incertidumbre de saberte insuficiente,
y mil pensamientos torturan tu mente.
Escuchándote hablar,
me pregunto si un día te vas a dejar ayudar;
porque aunque siempre fuiste independiente,
dar la mano también es de valientes.
Te empiezo a hablar de mis cicatrices,
ves mi dolor, lo sé, se nota en tu mirar;
Pero de mí no te tenes que preocupar,
siempre le hice frente a mis dolores.
Seguís hablando,
ahora de tus pasiones
y tus ojos empiezan a brillar,
tu voz ha cambiado,
y todo parece hechizado.
Me doy cuenta que entre tanto dolor,
tenes una luz de esperanza.
Esa que a pesar de las heridas,
no terminan por arruinarte la confianza.
Mientras te veía,
por dentro mi alma decía:
“Ella no quiere quién la cuide,
solo quiere quién la quiera
los días que no quiere a nadie.”
Y así fue que entendí,
aunque tu corazón te cueste abrir,
no te molestaría volver a sentir,
lo que es ir de un beso a París.



Comentarios